Preoperatorio
La resección hepática es un procedimiento quirúrgico que consiste en extirpar una parte del hígado donde se localiza un nódulo o tumor. La intención del procedimiento es eliminar la enfermedad o al menos gran parte del tejido afectado. Esto ayuda a mejorar la efectividad de otros tratamientos, y además permite analizar el tejido enfermo que se extirpe.
¿Qué es el hígado?
El hígado es un órgano glandular de color rojo oscuro que se encuentra en la esquina superior derecha del abdomen. Interviene en la función digestiva, segrega bilis (que ayuda a descomponer grasas y las prepara para su posterior digestión y absorción), almacena sustancias nutrientes, elimina sustancias tóxicas y sintetiza enzimas, proteínas y glucosa.
Las enfermedades que afectan al hígado y que requieren intervenciones quirúrgicas son complejas.
Tras valorar riesgos y beneficios, el cirujano hepático le explicará, de forma individualizada, las diferentes opciones de tratamiento y cuál es la que mejor se adecua a su caso. Para ello, tendrá en cuenta las características de su lesión y su estado de salud. También tendrá la oportunidad de resolver las dudas que pueda tener.
En la gran mayoría de los casos, el cirujano que le visite en la consulta y el que le haga la operación serán el mismo. En planta de hospitalización le visitará un equipo de cirujanos de la unidad de cirugía hepática, todos comparten la información de su caso tanto antes de la intervención como durante el ingreso.
Los temas que le explicarán serán los siguientes:
- ¿Qué es una resección hepática (o hepatectomía)?
- ¿Qué tipos de hepatectomía existen?
- ¿Cuándo hace falta, además, extirpar la vesícula o la vía biliar y cómo se reconstruye?
- ¿Cuáles son los tipos de abordaje quirúrgico?
- Consentimiento informado
¿Qué es una resección hepática (o hepatectomía)?
La resección hepática es un procedimiento quirúrgico con el que se extirpa una parte (más o menos grande) del hígado.
Se puede realizar para tratar enfermedades y trastornos que afectan al hígado:
- Patología benigna: Equinococcosis quística hepática (hidatidosis), adenoma, hemangioma.
- Patología maligna: Cáncer de hígado, o metástasis de un cáncer localizado en otra parte del cuerpo (habitualmente del colon o recto).
- Hepatectomía derecha o izquierda: Se extirpa completamente el lóbulo derecho o izquierdo del hígado. Habitualmente el motivo es que el tumor (o alguno de los tumores) contacta con una vena o arteria principal del hígado.
- Segmentectomía o bisegmentectomía: es cuando se extirpa uno o dos segmentos contiguos de hígado. Lo habitual es tener que extirpar los segmentos 2 y 3, 5 y 8 o 6 y 7.
- Resección hepática limitada (una o varias): Se trata de extirpar el tumor hepático con un margen de seguridad de hígado sano, a demanda. Habitualmente puede llevarse a cabo en tumores cerca de la superficie capsular.
¿Cuándo hace falta, además, extirpar la vesícula o la vía biliar y cómo se reconstruye?
En ocasiones es necesario extirpar la vesícula biliar durante la cirugía de resección de un tumor hepático. En los casos de hepatectomía derecha o izquierda, o cuando se extirpen los segmentos 4 y 5, la vesícula debe extirparse para poder seccionar el hígado por el lugar adecuado. A veces, también es necesario extirpar la vesícula si existen cálculos o litiasis (piedras) en su interior, para evitar complicaciones posteriores como dolor o infecciones.
Si el tumor está localizado en el conducto biliar principal, también será necesario extirpar la vía biliar principal junto con la parte del hígado que esté afectada. En estos casos se utiliza un segmento de intestino para reconstruir la vía biliar (hepático-jejunostomía) y permitir que la bilis llegue al tubo digestivo. Para esta reconstrucción es necesaria una “anastomosis” (costura o estabulación de ambos extremos) entre la vía biliar y el intestino.
¿Cuáles son los tipos de abordaje quirúrgico?
Hay varios tipos de acceso quirúrgico o formas de entrar en el abdomen:
- Abierto: se realiza una incisión en la pared abdominal, llamada “laparotomía”, para acceder a la cavidad abdominal donde se encuentra el hígado. El cirujano bajo visión directa del campo quirúrgico y trabajando con sus manos y el instrumental quirúrgico, accede al hígado para extirpar el tumor.
- Mínimamente invasiva:
- Laparoscopia convencional: se realizan 4-5 incisiones pequeñas que permiten introducir en el interior del abdomen una cámara y diferentes herramientas quirúrgicas con las que trabaja el cirujano sin utilizar las manos directamente y visualizando la cavidad abdominal en una pantalla. Independientemente de la vía de acceso, la intervención que se realiza es la misma que en la cirugía abierta.
- Laparoscopia robótica (o Da Vinci): es la herramienta quirúrgica más sofisticada que tenemos actualmente en el hospital. Se trata de una modificación de la vía laparoscópica en la que los instrumentos son manipulados por el cirujano mediante un robot o mando a distancia especial. Este proceso ofrece ventajas técnicas específicas (visión 3D, mayor precisión entre otros).
La cirugía mínimamente invasiva por lo general ayuda en la recuperación postoperatoria en diversos aspectos: menos dolor, mejor recuperación del tráfico intestinal, movilización más fácil, menor riesgo de infección... entre otros.
Consentimiento informado
Usted tratará con el cirujano el motivo de la indicación de su intervención. En algunos casos, su problema puede presentar varias opciones y conjuntamente tendrán que decidir cuál es la más oportuna para usted. En otras ocasiones, puede haber una opción claramente necesaria para conseguir los objetivos del tratamiento y su cirujano se lo explicará a fin de que usted pueda comprenderlo. Hay ocasiones en las que tenemos muchas pruebas a favor de una decisión y otras en las que los resultados esperables pueden no ser tan conocidos.
De acuerdo con el conocimiento científico que exista, su equipo y usted tomarán una decisión. También es importante saber que, en ocasiones, la intervención puede tener una intención curativa a largo plazo (como puede ser el tratamiento de un cáncer de estómago) mientras que, otras, lo que se le ofrece es una posibilidad de mejora a pesar de saber que la corrección total del problema es difícil o que los resultados no perduran siempre en el tiempo.
El consentimiento informado es el derecho del paciente a ser informado específicamente del procedimiento quirúrgico que se le va a realizar teniendo en cuenta su situación personal. Le proporcionaremos información y respuestas a sus preguntas para que pueda evaluar sus beneficios y riesgos y consentir someterse a la cirugía planteada, conociendo la información disponible. Usted tiene derecho a retractarse en cualquier momento previo a la anestesia y se le informará, de nuevo, de las posibles consecuencias si no se realiza la cirugía.
Podrían pedirle que consintiera también en otras cuestiones como puede ser la realización de un estudio, la toma de muestras o imágenes o la consulta de su historia clínica. En su caso, se lo explicarán específicamente.
Pruebas de imagen: TC, RMN o PET
Es posible que lo hayan derivado desde otro hospital al hospital de Bellvitge para operarse del hígado. En algunos casos, las pruebas con las que lo han diagnosticado no son suficientes para poder planificar correctamente la cirugía hepática y puede ser necesario repetir algunas de ellas o hacer nuevas. En estos casos, le explicaremos las pruebas que serán necesarias para su cirugía durante la visita con el cirujano en consultas externas.
- Tomografía Computerizada (o TC) de abdomen y/o tórax: Para planificar la cirugía hepática es necesario tener un TC con contraste endovenoso, para ver las arterias y venas del hígado, además de la o las lesiones que se deben extirpar.
- Resonancia Magnética (RMN): En muchos casos necesitamos completar el estudio con una resonancia magnética, que ofrece información más detallada sobre las características de las lesiones hepáticas y su número, así como de los conductos biliares.
- Tomografía por Emisión de Positrones (PET): Se trata de una prueba similar al TC pero con un contraste endovenoso distinto, y que incluye imágenes de todo el cuerpo. No se hace siempre, pero en algunos casos será necesario para descartar que la enfermedad que usted padece se haya extendido a otros órganos distintos del hígado o a los ganglios linfáticos.
Preparación de la cirugía
En algunos casos, para poder prepararlo para la cirugía y minimizar los riesgos de complicaciones, será necesario realizar procedimientos para aumentar el tamaño del hígado que quedará después de la operación, mejorar su estado nutricional o disminuir la ictericia (color amarillo de la piel por obstrucción del conducto de la bilis).
Puede que estos procedimientos hagan retrasar la cirugía, pero son imprescindibles para disminuir los riesgos de complicaciones graves o incluso la muerte después de la operación.
El detalle de cada procedimiento que pueda necesitar se le explicará en la visita de consultas externas con el cirujano hepático.
Visita con rehabilitación
Antes de la operación, tendrá una visita con un especialista en medicina física y rehabilitación, que le explicará una serie de ejercicios físicos y de respiración que le ayudarán en el postoperatorio a disminuir la aparición de algunas complicaciones.
Las pruebas deben haberse realizado, generalmente, dentro de los 6 meses previos a la cirugía con un máximo de un año. Las pruebas que le realizarán para la intervención son:
- Análisis de sangre. Le harán una analítica básica en la que seguramente se pedirá:
- Hemograma. los tres parámetros más importantes son:
- Hemoglobina (medida indirecta de los glóbulos rojos): sirve para comprobar que no esté anémico antes de someterse a una cirugía en la que se pueden producir pérdidas sanguíneas.
- Leucocitos (conocidos como glóbulos blancos): sirve para comprobar que tiene un correcto nivel de defensas (no deben estar por debajo de los valores normales) y para descartar que no haya ningún proceso infeccioso (no deben estar por encima de los valores normales).
- Plaquetas: participan en el proceso de la coagulación y ayudan a reparar los vasos sanguíneos cuando se lesionan para evitar el sangrado.
- Coagulación: sirve para comprobar que los distintos factores que intervienen en la coagulación funcionan correctamente. Estas pruebas pueden estar alteradas si se toma tratamientos anticoagulantes (por ejemplo, sintrom®) o si se tiene una función hepática incorrecta
- Bioquímica: se solicitarán algunos parámetros para ver la función renal, enzimas hepáticas, iones como el sodio y el potasio y la glicemia. Dado que se suele pedir la glicemia, es conveniente realizar la analítica en ayunas
- Radiografía de tórax. Se realiza para evaluar:
- El pulmón y la pleura.
- El corazón.
- Electrocardiograma: Permite comprobar el ritmo cardíaco y descartar distintos tipos de arritmia.
- Pruebas específicas, si tiene otras enfermedades
Con los resultados de las pruebas preoperatorias se le programará una visita con el anestesiólogo para comprobar que todo está correcto antes de la cirugía.
Plan de la visita:
Realizaremos un documento preoperatorio en el que se recoge:
- Las alergias a medicamentos, alimentos o sustancias como el látex. Aporte los informes que tenga si se las han estudiado.
- Los hábitos tóxicos: si fuma, bebe alcohol o consume drogas. Es aconsejable dejar estos hábitos en las 4 semanas previas a la intervención y completamente mínimo 10 días previos a operarse, ya que disminuye el riesgo de complicaciones.
- Los antecedentes patológicos: todas las enfermedades que padece o haya sufrido.
- Los antecedentes quirúrgicos: los tipos de cirugía y anestesia que le han realizado previamente y si ha habido algún problema. En este momento es importante que explique si ha presentado vómitos o náuseas postoperatorios o si es una persona que se marea con facilidad. Es muy poco frecuente vomitar en el postoperatorio, pero en algún caso puede ocurrir y es preferible avisar a su anestesiólogo para que le administre fármacos especiales preventivos para las náuseas y vómitos.
- La medicación habitual que se toma: es frecuente que su anestesiólogo pueda visualizar esta medicación en el ordenador, pero en ocasiones no está actualizada, así que es recomendable llevar preparada la medicación que toma, el horario y la cantidad.
- Se recogerán los resultados de las pruebas complementarias previamente realizadas.
- Estudio de la vía aérea: le realizará una serie de pruebas, como abrir la boca, ponerse de lado o estirar el cuello hacia arriba. Esto se realiza para evaluar la facilidad o no de colocar el tubo orotraqueal necesario para respirar durante una anestesia general.
- Le preguntarán su peso, su talla y la edad para realizar los cálculos de las dosis de los diferentes fármacos que se administran para realizar una anestesia.
Se le explicarán los diferentes tipos de anestesia que pueden realizarle: en el caso de la gastrectomía, es necesaria una anestesia general. También puede realizarse algún tipo de bloqueo nervioso para disminuir el dolor en el postoperatorio. Tenga en cuenta que normalmente le atenderán diferentes anestesiólogos; uno para realizar el preoperatorio y otro que le anestesiará en quirófano. Este segundo será quien tomará la decisión última del tipo de anestesia a realizar.
Le darán un consentimiento informado específico según el cual acepta ser anestesiado: seguramente previamente, también haya firmado el consentimiento según el cual acepta la cirugía que le van a realizar.
En función de la medicación que tome, se le darán unas pautas si hay alguna medicación que deba dejar previamente: Algunos de los fármacos que suelen suspenderse son anticoagulantes y/o antiagregantes como el sintrom®, Pradaxa®, xarelto®, plavix® , adiro® (este último, a veces no se suspende)... Es importante que esta medicación la suspenda exactamente como le recomiende su anestesiólogo, ya que esto hará que no tenga riesgo de sangrado excesivo durante la cirugía ni de formar trombas (coágulos) en los vasos sanguíneos que le pueden ser perjudiciales.
Le explicarán el ayuno previo que debe realizar: generalmente, se recomienda no tomar nada sólido durante las 6 horas previas a la cirugía. En algunos casos sí puede tomar su medicación habitual con un trago pequeño de agua, si es que así se lo indican.
Usted puede tener anemia (falta de hierro) en el momento del diagnóstico, como consecuencia de su enfermedad o por otras razones crónicas. En caso de que su análisis de sangre muestre anemia, es posible que necesite distintos tratamientos para mejorar su condición antes de la cirugía. El tratamiento puede ser oral o intravenoso. En caso de que necesite tratamiento de hierro intravenoso, se realizará de forma ambulatoria en el Hospital de Día.
Deshabituación de tóxicos como el tabaco o el alcohol y drogas
Será imprescindible que reduzca al máximo el consumo de todo tipo de bebidas alcohólicas y/o tabaco y elimine totalmente el consumo de drogas si las toma.
Las posibles complicaciones, resultado de la cirugía, disminuyen de forma demostrada en pacientes que cumplen esta deshabituación durante un período mínimo de 3-4 semanas antes de la operación. Para ello, puede ser visitado por equipos especializados que le ayudarán a dejar de fumar y/o beber antes de la cirugía. www.tabaquisme.cat
Preparación física
Una buena capacidad funcional y un buen estado físico son fundamentales para conseguir la mejor recuperación posible después de su cirugía. Le recomendamos realizar ejercicio físico a diario (adaptado a sus capacidades) para mejorar su fuerza, flexibilidad, capacidad aeróbica y resistencia.
Preparación psicológica
El estado psicoafectivo de una persona es muy importante, más aún ante situaciones estresantes. Nos interesa que no tenga ansiedad ni angustia, se encuentre tranquilo y con pensamientos positivos.
Es interesante que realice actividades que le gusten y le lleven a un estado de bienestar, relajación y serenidad (leer, hacer sudokus, crucigramas, dibujar, pintar, hacer punto-labores, ir al huerto, pasear, etc... ).